lunes, 16 de marzo de 2009

LAS MONJAS CARTUJAS EN ESPAÑA (y 3)





Comparando la familia cartuja con otras Órdenes monásticas, se advierte que en la Iglesia somos "un pequeño rebaño", y esto cabe aplicarlo de modo especial de la rama femenina. Nuestros monasterios, cuando más, no superaron el número de diez. Casi todos se concentraron en el sudoeste de Francia y en el norte de Italia: sólo hubo dos en Bélgica y hasta hace poco ninguno en España.
¿Cómo explicar que nuestro país, de tan honda tradición contemplativa y cartujana, haya tardado tanto en tener en su suelo a las hijas de San Bruno? Misterio de la Providencia, que puede esclarecerse algo considerando que la existencia de monjas cartujas ha sido, y es aún hoy día, ignorada en muchos ambientes eclesiásticos que sólo conocen la rama masculina. Además, en el pasado, algunas vocaciones a la vida cartujana femenina, preferían orientarse hacia otro género de vida contemplativa antes que verse obligadas a dejar nuestra patria. Por último, nuestra Orden siempre se ha mostrado reservada al promover las fundaciones, no aceptándolas más que si podía asegurar a las monjas una existencia verdaderamente solitaria e independiente.
Sin embargo, hacia 1949, en ciertos ambientes femeninos de España se despertó un vivo interés por la Cartuja, y, ante las repetidas demandas, el Capítulo General de la Orden, designó una Cartuja de monjas de Italia, la de San Francesco, para recibir y formar a las aspirantes españolas, mientras se procedía a buscar un lugar adecuado para establecerlas en España.
En 1960, se empezó la reconstrucción de la antigua abadía cisterciense de Santa María de Benifaçá (Castellón) para acondicionarla y transformarla en monasterio cartujano. En 1967, los edificios del interior de clausura estaban terminados, y un grupo de monjas españolas, procedentes de la Cartuja de San Francesco, depositaron en este desierto la primera semilla de la vida cartujana femenina en España.
Santa María de Benifaçá se halla en un paraje privilegiado: un rincón agreste, en plena montaña, un verdadero "desierto cartujano". Sin embargo nuestro monasterio lleva inscrito en su estructura, la transición que hemos vivido las monjas cartujas en las últimas décadas. Iniciada su reconstrucción cuando el Capítulo General no se había pronunciado sobre nuestra orientación a la soledad personal, sus edificios, vistos del exterior, ofrecen el aspecto cenobítico propio de nuestras antiguas casas. Pero en 1975, se hicieron en el interior las necesarias modificaciones, de modo que las monjas disponemos de celdas y de un marco ambiental con todas las características propias de la vocación solitaria cartujana.

Cartuja de Sta. María de Benifaçá (Castellón, España)

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