lunes, 5 de octubre de 2009

La vida de la Cartuja


"Una aguda nostalgia de lo divino, que colma el alma totalmente arrebatada por Dios, y que pasa por el mundo aligerada de todo lo que la estorba para ir derecha a su fin, con la mirada puesta en Dios, su único deseo"

Dom Yvo Gourdel, Chartreux



Día 6 de Octubre, San Bruno.


lunes, 28 de septiembre de 2009

silentium tibi laus



¿Esperar? ¿Qué? Se plantea, muchas veces, esta pregunta en nuestro corazón... Hemos, tal vez, olvidado ese FIN que nunca es lejano. No se trata de juzgar todas las cosas como simplemente perecederas, sino tener clara conciencia de la futura transformación de todas ellas... Jornada tras jornada nos hallamos prisioneros aparentemente de un tiempo que, con signos diferentes, vuelve y vuelve... Pero no es así en modo alguno. El día que esperamos ya llega y ya percibimos, de algún modo, sus destellos. El "día" se torna ALGUIEN, que es el Señor del tiempo y de la historia y el sentido de toda nuestra vida. "Yo Soy la Resurrección y la Vida". Volvamos a meditar incesantemente estas palabras de la Palabra en nuestro interior. No esperamos el resultado de planes ni el destino último de estructuras. No esperamos que pase esto o aquello... No, no es eso, es infinitamente más que todo. Lo cierto es que Aquello está mucho más cerca de cuanto podamos imaginar, como "cerca" está el Principio del tiempo y del espacio... ¿Hemos pensado, alguna vez, cuán próximos somos a nuestro origen? Pues también nos hallamos próximos a nuestro fin. Ya es la Presencia de Aquél en Quien somos, nos movemos y existimos.Más hondo que los valles y las montañas, más inmenso que la inmensidad del mar, más alto que las estrellas y, no allí lejos, sino inmediatamente cerca... Hoy el silencio es nuestra recóndita alabanza... Silentium tibi laus.



El hombre razonable, al meditar sobre cómo debe actuar, evalúa lo que le conviene y lo beneficia, y ve cómo algunas cosas son buenas para su alma y la mejoran, mientras que otras le son extrañas. De este modo, él huye de lo que perjudica a su alma como realidad extraña y que es capaz de alejarlo de la inmortalidad. (San Antonio Abad, La Filocalia)

domingo, 20 de septiembre de 2009

Oración del corazón



"..esto me dio mayores fuerzas para ejercitarme en la oración a la cual iban todos mis pensamientos, y comencé a sentir una gran alegría. A partir de aquel momento, de vez en cuando sentía diversas sensaciones nuevas en el corazón y en el espíritu. A veces era como una agitación en mi corazón y una agilidad, una libertad y un gozo tan grandes, que quedaba transformado y me veía en éxtasis. A veces, sentía muy ardiente amor a Jesucristo y a toda la divina creación. A veces las lágrimas corrían sin esfuerzo de mi parte como un reconocimiento al Señor, que había tenido compasión de mí, pecador empedernido. A veces mi pobre y limitado espíritu se llenaba de tales luces, que comprendía con toda claridad cosas que antes yo no hubiera podido siquiera concebir. A veces el dulce calor de mi corazón se extendía por todo mi ser y empezaba a sentir con gran emoción la presencia del Señor. Y a veces, en fin, sentía una intensa y profunda alegría al pronunciar el nombre de Jesucristo y comprendía el significado de sus palabras: El Reino de Dios está dentro de vosotros. "

Relatos de un Peregrino Ruso

lunes, 14 de septiembre de 2009

INMOVILIDAD


Hay dos clases de inmovilidad: la del hombre contento y satisfecho de sí mismo, que se dice: "Ya he llegado, y ésto basta", y la del perezoso que se dice: "Es demasiado pesado, me quedo donde estoy".

Hay que evitar ambas posturas.

Es preciso creer que estamos muy lejos del término ideal, desde luego siempre mucho más lejos de aquello que realizamos, y que somos capaces de tender hacia ese término y de acercarnos al mismo. No nos extrañemos de estar todavía en la cuesta que hay que escalar. Sólo llegan aquellos que saben confesar que aún les queda mucho que andar, y que no paran.

El ideal en el espíritu , que nos enseña la perfección que hay que alcanzar, siempre y cuando sea factible; la perseverancia en el querer y en el esfuerzo práctico que tiende a la cumbre que se divisa a lo lejos, ésto es lo que hace a los hombres y a las existencias humanas dignos de este nombre.

Dom A. Guillerand

sábado, 29 de agosto de 2009

CARTA A LOS HERMANOS DE LA CARTUJA




Fray Bruno, a sus hermanos predilectos en Cristo: saludos en el Señor.

Por la detallada y consoladora relación de nuestro buen hermano Landuino, tengo noticia del inflexible rigor con que seguís una observancia razonable y verdaderamente digna de encomio. Me ha hablado de vuestro santo amor e infatigable celo por cuanto se refiere a la pureza de corazón y a la virtud. Por todo ello se alegra mi espíritu en el Señor. Sí, me alegro en verdad y me siento motivado a alabar y a dar gracias al Señor; y sin embargo, suspiro amargamente. Me alegro, como es justo, al ver incrementarse los frutos de vuestras virtudes; pero me duelo y avergüenzo de permanecer estancado y negligente en la miseria de mis pecados.Alegraos, pues, mis carísimos hermanos, por vuestra feliz suerte y por las abundantes gracias que la mano del Señor ha derramado sobre vosotros. Alegraos de haber escapado de los muchos peligros y naufragios del tempestuoso mar del siglo. Alegraos de haber alcanzado el reposo tranquilo y seguro del más resguardado puerto. ¡Cuántos lo han deseado, cuántos han luchado por ello y, sin embargo, no lo han conseguido! Otros muchos, después de haberlo alcanzado, son excluidos de él, porque a ninguno de ellos se le había concedido esta gracia de lo alto.Tened por cierto, hermanos míos, que todo el que llega a perder, por la causa que sea, este ansiado bien después de haberlo gustado, lo lamenta luego toda la vida, si tiene algún interés o preocupación por la salvación de su alma.

De vosotros, mis carísimos hermanos laicos, digo que mi alma glorifica al Señor al ver las grandezas de su misericordia sobre vosotros, según el informe de vuestro Prior y padre amantísimo, que se siente lleno de gozo y santo orgullo por vosotros. También yo me alegro, pues, aunque no seáis letrados, el Dios todopoderoso graba con su dedo en vuestros corazones, no sólo el amor sino también el conocimiento de su santa ley. Con vuestras obras, en efecto, demostráis lo que amáis y conocéis. Porque practicáis con todo cuidado y celo posibles la verdadera obediencia, que es el cumplimiento de la voluntad de Dios y la clave y el sello de toda observancia espiritual. Obediencia que no existe nunca sin mucha humildad y gran paciencia, y que siempre va acompañada del casto amor de Dios y de la verdadera caridad. Lo cual pone de manifiesto que recogéis sabiamente el fruto suavísimo y vital de las divinas Escrituras.

Permaneced, pues, hermanos míos, en el estado que habéis alcanzado, y evitad como la peste esa pandilla malsana de vanidosos legos que difunden sus escritos supersticiosos, musitando lo que ni entienden ni aman, y contradiciéndolo con sus palabras y obras. Ociosos y giróvagos, murmuran de los buenos religiosos y se tienen por dignos de alabanza si infaman a quienes la merecen; toda regla u obediencia les resulta odiosa.

Quise retener conmigo a fray Landuino, por sus muchas y graves enfermedades. Pero él, como estando sin vosotros nada encuentra sano, alegre, confortante ni provechoso, no ha consentido. Con muchas lágrimas y suspiros me ha demostrado en cuánta estima os tiene y con qué entrañas de perfecta caridad os ama a todos. Así que no quise presionarle en modo alguno, por temor de lastimarle a él o a vosotros, tan estimados por mí por el mérito de vuestras virtudes. Por esto, hermano míos, os pongo de aviso y os ruego humilde y encarecidamente que la caridad que lleváis en vuestros corazones se manifieste en obra con vuestro Prior y padre amadísimo, suministrándole con atención y delicadeza cuanto necesite su quebradiza salud. Es posible que rechace vuestras atenciones y cuidados, prefiriendo poner en peligro su salud y aun su vida antes que omitir un punto de la penitencia corporal, pero esto evidentemente no puede permitirse. Quizá lo haga por rubor de verse en esto el último quien es el primero de la comunidad, temiendo que alguno de vosotros tome de ahí ocasión para hacerse más tibio o remiso, temor que juzgo totalmente infundado. Y para que no os veáis impedidos de prestarle este favor, os permito que hagáis, sólo en esto, mis veces y podáis obligarle respetuosamente a tomar cuanto hayáis preparado para mejora de su salud.

En cuanto a mí, hermanos, sabed que mi único deseo después de Dios es el ir a veros. Y en cuento pueda lo haré, con la ayuda del Señor.
A Dios

martes, 18 de agosto de 2009







"Las pruebas son el nihilismo y la necedad... Pero la vida, que nos ha sido dada, late en nuestro corazón y en el Corazón de Dios. "más...



Alberto E. Justo